Una señora, turista intelectual, visitó a Hu-Ssong en su montaña.
-¡Maestro! -le dijo con voz atribulada-.
¡Ya no se puede vivir en este mundo!
¡Por dondequiera hay odio, violencia, muerte y mal! ¡Debemos hacer un mundo mejor para nuestros hijos!
-Hermana -le respondió Hu-Ssong-.
Si hay odio, enseñemos a nuestros hijos el amor.
Si hay violencia, hagamos que ellos practiquen la tolerancia y la concordia, virtudes que conducen a la paz.
Si hay muerte, mostrémosles el valor supremo de la vida.
Si hay mal, procuremos que desde niños aprendan a hacer el bien.
Quizá sea difícil hacer un mundo mejor para nuestros hijos, pero en parte cumpliremos la tarea si hacemos unos hijos mejores para nuestro mundo.
Así dijo Hu-Ssong. Y la señora ya no dijo más.






28 nov 2006 | 09:11 PM
AngelaCano
Y es que no habría forma de contestarle algo a una boca tan llena de razón. Tal vez sea duro hacer que el mundo sea mejor pero vale la pena intentarlo por los futuros herederos.
Salu2.
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